La soñante: ¿éste era un sueño de dependencia o era un sueño de realización?

RAFA DUEÑAS

(artista en el retrato de ‘Ella en Phantasia’)

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Tan solo cuatro días después de la ingesta del último consumo (que consistió en diez euros del mercado y ”dosificados” -no, realmente-[cuando se dosifica sólo se fuma una dosis, generalmente ritual -es decir, programada, y diez euros pueden alargarse hasta siete u ocho días] por un período de algo menos de 48 horas) se ha presentado el primer sueño ”demandante” de THC.

En él me encontraba con el Rubio… El Rubio no suele venir a mis sueños, como tampoco viene a mí (hace dos madrugadas fue una excepción, entonces nos vimos rodeados por gente y sin verdadera intimidad). Pero aquí se reunía conmigo -lo hablamos por teléfono, él me llamó- para dirigirnos hacia unas montañas, raro es que iba a conducir y que encontraría su coche en un parking, y hasta donde yo sé él no lo hace. Pero quedábamos, gran excitación hasta abrazo envolvente, yo debo haber fumado porque me siento ”colocada” (ya se describirán en otro momento las sensaciones de ese ”sentirse colocada”, aunque el término habla por sí mismo, ”colocada” como deseo para el deseo, la libertad de la experimentación, la valentía, la franqueza, la bondad y el placer) y él acariciaba mi noema deliciosamente, su sonrisa era maravillosa pero me decía que tendríamos que postergar la entrega hasta la cabaña. Yo ésta no sé qué cabaña era. Y mojada como estaba, sus babas (el Rubio es muy caracol) me empapaban el rostro, el cuello y hasta el nacimiento de los senos… algo había que dejar de peso de la mochila para el transcurso de las dos horas siguientes de espera activa, y eso era el saco… Pero no sé por qué mi amiga (que no es consumidora cannábica, sólo alcohólica, como la gran mayoría de vosotros [la diferencia entre una y otra sustancia es la siguiente: por mucho que uno fume… en dos o tres horas, poco a poco, se irá despejando y la agradable relajación se prolongará pero no sucede así con el alcohol, del que sí se abusa, y aunque uno duerma, se despierta con una espantosa resaca y pesar por el exceso o bien remordimientos y merma de la autoestima]) me hablaba de aquel problema (un asunto algo oscuro de su vida actual) y lo que encontraba en mi sexo, no obviamente pero me lo mostraba, eran unas larvas de un aspecto parecido a las de los gusanos de seda, que por muy de seda que fueran no dejaban de ser larvas y la posibilidad de que eso anidara en mí me escalofriaba. ¡Mátalas, por favor! -le pedía. Toda mi ansiedad era que transcurrieran esas dos horas para el reencuentro con mi felicidad, así que decido visitar el gimnasio del hospital (es que mi amiga trabaja en un hospital y la que se va de viaje el jueves es ella, a unas montañas, las de Checoslovaquia, y ayer a la noche me decía [su voz y estado alterado lo delataban] que sentía una gran ansiedad porque no dejaba de hacer y rehacer la maleta y no sabía ni qué llevarse pero ella tiende a la compulsividad y la inconsciencia, y cuando bebe lo hace hasta su aturdimiento y es posible que al día siguiente sufra de amnesia; lo cual es muy conveniente porque en su aturdimiento no es raro que pierda cualquier tipo de control). Pero en ese gimnasio hay una carrera de perros y amos. Y algunos ejemplares son gigantescos como esa especie de Golden Retriver que sufre una caída y un desmayo. Mi amiga regresa y me dice que tenemos que deshacernos como sea de su cadáver. No era tan sólo un desmayo. Y buscamos mi saco, yo desesperada, porque descubro que me lo han robado y que en mi ausencia de apego (cuando me coloco me vuelvo realmente desprendida) me lo he dejado por cualquier parte y no he tenido ni la preocupación de guardarlo a buen recaudo en una taquilla. Y entonces sí, me recrimino por esos olvidos, que dicen de mí lo tonta o inocente que puedo llegar a ser, que pienso que todo el mundo es bueno y que como yo se es considerado con el otro y se sabe lo que es de uno y lo que no y lo que no es de uno no se toca. Así que empujamos al perro por una ventana sirviéndonos del saco, que mágicamente ha regresado al fondo de la mochila; la hemos deshecho por si acaso el olvido no fue tal y sólo lo fue de pérdida de memoria transitoria (como cuando te colocas, has ido a lavarte los dientes, aún en esa posición, y sales por la puerta del baño y se te ha ido el santo al cielo y no recuerdas si te los has lavado o no, y aunque el sabor en tu boca es fresco… te los vuelves a la cepillar por si acaso no lo hiciste del modo en que debías, que es con conciencia). Y yo pienso ahí, al ver al perro tres pisos más abajo, en el patio de mi infancia, que era un jardín en un barranco, que habrá que enterrarlo y habrá que lavar el saco, porque el dinero no me sobra y volver a gastármelo en lo mismo son más apuros luego. Pero no es ahora, es dentro de tres días, no sé por qué… y coincide que mientras regreso al aparcamiento en busca de mi Rubio, me encuentro con un enemigo y su esposa encantadora (es enemigo porque intentó propasarse conmigo y desde entonces no le hablo); y después de tantos años no experimento la necesidad de seguir manteniendo hasta esa distancia del no saludo y lo sorprendo al dirigirme a él humanamente, porque como estoy colocada, y por eso capto tan a fondo las intenciones de los demás… descubro que a él mi resquemor le sigue doliendo y conciliadora le sorprendo con un trato de igualdad, la misma que observo con todos los otros miembros del equipo deportivo pero más que nadie con su mujer (a la que jamás se lo dije, porque valoré que ellos se amaban). Y es la historia de otra reconciliación espiritual y también la de siempre, en que será que sí, y por fin podré disfrutar de mi Rubio tan a fondo como aquella vez… o como las ya tan lejanas veces en que mi sueño proactivo nos ha acompañado hasta nuestra consumación… pero es que no, porque despierto. Y aunque al despertar me dije: este fue un sueño de demanda de la sustancia pues tampoco lo tengo muy claro, porque al tratarse del Rubio y su envolvencia y eso que es amor… quizá lo que hubo en mi cerebro, y todo el tiempo, fueron las endorfinas naturales o quizá, o al menos en mi caso, mis moléculas cannabinoides (pero de endocannabinoides) se mimeticen con la sustancia del amor que, como dijo Vinicius de Moraes, amor es deseo iluminado. ¿O era al revés? En todo caso anhelo de paz y amor

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FENOMENOLOGÍA DEL AMOR

(lectura en estado cannábico)

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Publicado el junio 29, 2011 en Mundo Onírico. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

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