De la condición humana, el tiempo cuando apremia y el Ser o detenida sobre mi primera experiencia con los cannabinoides: ‘EL ORIGEN DEL MUNDO’ – GUSTAVE COURBET – (o qué es pornografía)

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He comenzado a leer La Condición Humana (1958) de Hannah Arendt, una voz femenina en la teoría política;  a esta pensadora no le gusta que la tilden de filósofa, puesto que entiende que el filósofo se sitúa ante la naturaleza y mira a la política desde cierta postura de ”hostilidad” (con excepción de Kant -dice). Y pronto me dirigiré al Heidegger de ‘Ser y Tiempo‘, obra que ha modelado o influido en el pensamiento de tantos inlectuales de nuestro Occidente, ya que la otra noche alguien, esencialmente presionado por ese condicionamiento, me situaba, de algún modo, ante él… Hannah y Heidegger, fueron amantes. Ella, de mentalidad anticuada,  era su alumna pero deseaba que él dejara por ella a su mujer e hijos y eso no encajaba en los planes de Heidegger, así que Hannah le abandonó y su mujer, parece ser, convirtió su vida en un infierno… Se dice lo que no se dice y lo más importante es lo que no se dice.

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Por otra parte, estoy estancada en la creación de mi Physis y psique (o esos ‘Cuadernos con chocolate’) en el instante en que Villon sale del baño y se dirige a mí, que aún llevo mi vestido y espero mi turno en el azulejado espacio…

– Me gustas mucho. Quiero decírtelo. Esperaba que me gustaras mucho pero no creía que me ibas a gustar tanto…

Se lo agradezco pero no puedo afirmarle lo mismo. Ahora ya sé que no me ha mentido y que fumaremos. Después de todo sí; pero él, más experto que yo en las lides del amor, ha desarrollado la estrategia de la experiencia con una intuición certera.

Para mí lo importante de estos cuadernos es que los escribo, o al menos el primero, con la finalidad de que sean un regalo que complemente al retrato que mi pintor ha dibujado de mí y que yo elijo llamar ‘La levedad del ser’ pero cuyo título, creo que debería ser, ‘La masturbación femenina’.

Esto porque ayer Enrique Fornes me escribía, primero que le gustaba el porno de Rafa Dueñas; a lo cual yo le respondo que no es porno, que es arte, que no es la realidad, que es una representación, una recreación, de una realidad, una percepción rectificada. Y después, de pedirme que no me quiera apropiar de lo femenino,  se expresa tal que así: <<Pero es divertido porque te estás haciendo una paja>>. No sé si tan burda como él, le afirmo que yo no me estoy haciendo ninguna paja, ya que <<mango>> no tengo. Ni falo, ni rabo, ni pene, ni polla…

<<Una mujer se acaricia, se estimula,  su clítoris, se lleva a una meseta y entre clímax y clímax su cerebro se abre para ella en dimensiones inimaginables… Somos diferentes porque biológicamente lo somos. Y cada forma de sexualidad conlleva sus propios mecanismos. Yo voy a animar a las mujeres a que se exploren (no tiene eso que ver con tener sexo con alguien o no tenerlo; es independiente). Somos materia sensible. Sí, es más divertido y la escucha de uno mismo es esencial. De hecho ha sido mi terapia. Y ya te digo que transformé toda mi cabeza y no, no tengo ganas de morir [Enrique sí las tiene pero creo que son consecuencia de su adicción al THC, que potencialmente es tan destructivo… como útil y constructivo…]. Sólo de disfrutar de mí y hacerme mucha compañía, que para eso he venido a esta vida>>.

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Conoces ‘El origen del mundo’ de Gustave Courbet. La modelo es Joanna Hiffernan. Y entonces, me parece imprescindible  reeditar esta antigua entrada del psicoterapeuta Luis Muiño, en su Hábitat del Unicornio:

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¿Qué es pornografía?

Publicado el septiembre 10, 2009

Hace catorce años se colgó en el Musée d’Orsay de París “El origen del mundo”,  un cuadro de Gustave Courbet que llevaba 130 años oculto.

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Durante mucho tiempo, de hecho, la tela no había sido reproducida públicamente y había permanecido sin nombre y sin título.

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La historia de este cuadro es una metáfora del secreto con el que se trata aquello que se considera pornográfico. En teoría, la ocultación de “El origen del mundo” termina en nuestros días. Cuando fue expuesto en Orsay, incluso el ministro de Cultura francés hizo un discurso de ingreso de la tela en las colecciones nacionales. Pero la cuestión no debe ser tan fácil de solucionar, porque el mandatario evitó ser fotografiado junto al cuadro…

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Aunque la representación explícita de órganos o de actos sexuales se encuentra en todos los tiempos y lugares, parece que el adjetivo “pornográfico” fue definido y difundido en nuestra cultura a finales del siglo XVIII y principios del XIX. De hecho, según los historiadores que defienden esta idea, a partir de ese momento este tipo de representaciones realistas dejan de tener carácter político (ridiculizar a nobles, sacerdotes u otros poderosos) o religioso (exaltar la fecundidad) y pasan a ser únicamente un vehículo para la excitación sexual.

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Sin embargo, otros historiadores defienden la idea de que el nacimiento de la pornografía tiene mucho que ver con algo más profundo: el surgimiento de la modernidad y el afán de provocación. Muchos de los autores de novelas y grabados pornográficos eran pintores y novelistas de ideas revolucionarias. La representación explícita de la sexualidad era una forma de ser subversivos. Y su censura tiene mucho que ver con la represión de lo novedoso.

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La censura, según estos investigadores, ha ido adaptándose para prohibir la pornografía a los grupos que en ese momento se consideraban susceptibles a las ideas revolucionarias. Los “escabrosos” resultados de las excavaciones de Pompeya y Herculanum fueron confinados en un museo secreto (el Museo Borbónico de Nápoles) cuyo acceso se prohibió a “mujeres, niños y pobres de ambos sexos y de todas las edades”.

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Ese mismo criterio elitista se muestra en uno de los primeros intentos legales de definir lo que se debe reprimir como pornográfico. En 1868, en Gran Bretaña, con motivo del “asunto Hicklin”, el juez Corburn propone como criterio para calificar de obscena una obra el que “tenga tendencia a corromper a las personas cuyo espíritu es vulnerable a las influencias morales”.   

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Esta hipótesis de que la censura de la pornografía va más allá de su carácter sexual explicaría que, hoy en día, los criterios son tan diversos y parecen depender de cuestiones culturales.

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Un ejemplo clásico es el análisis de la censura en el hentai japonés. Hasta 1994, la ley de ese país prohibía la representación de vello púbico. La norma se eludió representando personajes que tenían afeitada esa parte del cuerpo. Lo cual acentuó el carácter infantil de esos personajes, que ya de por sí constituía un problema para la censura euroamericana.

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Sin embargo, en Japón la ley es muy estricta con la representación de la zoofilia, algo que no está tan mal visto en Occidente…

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En cada mundo, pornografía significa una cosa distinta.

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Pero hay algo en común: la representación de sexo explícito creada para excitar es, siempre, lo más visto y lo peor visto.

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Publicado el julio 1, 2011 en Palabra de no fumada. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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